Pablo Lescano y el nuevo desafío de la cumbia villera: llegar a Brasil tras haber triunfado ante todo tipo de público en Argentina

“Hola…”. Del otro lado del teléfono, la inconfundible voz de Pablo Lescano suena más apagada que nunca. “¿Que hacés? Me acabás de despertar”, dice, y da cuenta de las varias llamadas previas, con resultados nulos. Ante la posibilidad de una charla deslucida, la propuesta de pasar todo media hora más tarde fue tan bien recibida como una botella de agua helada en el desierto con cuarenta grados de sensación térmica.

“¡Hola!”. Ahora sí: El autor del hit Quiero vitamina e intérprete de una polémica relectura del Himno a Sarmiento en clave tropical, el creador de la cumbia villera (subgénero que le da más preponderancia a los teclados e incorpora asimismo aires de psicodelia), el que popularizó el keytar (el teclado que se cuelga como si fuese una guitarra) y lo tuneó con el dibujo de una AK-47, estaba listo y dispuesto para la charla con Clarín.

Pablo Lescano, en vivo con su grupo Damas Gratis, que hizo llegar la cumbia al rock. Foto de prensa

“Disculpame. Estuvimos viajando todo el día, salimos a las 6:30 de la mañana de Buenos Aires a Santiago, de ahí a Concepción, y cuando llegué me tiré. Pensá que, encima, llegué a Buenos Aires a las 4 de la mañana porque venía manejando desde Mar del Plata”. Vida de gira, o como bien diría Pablo: ATR (A Todo Ritmo).

Cumbia en Brasil

La excusa para la charla con Lescano es la edición dedicada a la cumbia del Vibra Festival, que se llevará a cabo el próximo 5 de febrero en el Stage Music Park de Florianópolis, Brasil. Además de Damas Gratis, se presentarán Ke Personajes, La Delio Valdez, los mendocinos de Gauchito Club, y el cierre con un DJ set de Fiesta Polenta.

Pablo Lescano en la época de su participación en "Masterchef".

Increíblemente, para un grupo que recorrió casi todo el mundo, Damas Gratis casi ni tocó en Brasil. “Tocamos una sola vez para una fiesta de egresados. Es un terreno en el que somos verdaderamente inexpertos, un terreno virgen del que no sé nada. Sí creo que el Carnaval brasilero es algo que trasciende todo, y que son unos días en el que todo el mundo anda ATR (risas)”, dice Lescano.

-¿Y cómo se siente Damas Gratis en el momento de tocar en un festival, dónde la atención no sólo está puesta en ustedes?

-Para nosotros es algo más fácil. Tenés menos tiempo, entonces en cuarenta minutos te puedo meter un par de hits largos y hacer la cosa divertida. Y cuando te diste cuenta, se pasó todo volando. ¡Son todas piñas en la boca: pum, pum! Después, para rematar, vienen las que van al hígado. Y si te quedó alguna duda, un uppercut (risas).

-El último disco de Damas Gratis es 40 Minutos ATR, de 2018. ¿Hay chances de sacar un disco a la vieja usanza, con nuevos temas, más o menos pronto?

-Tranquilamente se puede hacer un disco entero, pero para serte sincero no podemos cortar una semana para meternos en el estudio. Los shows en vivo acaparan mucho tiempo en un grupo como nosotros: pensá que estoy viajando hace quince horas para hacer un show de una hora. Por lo tanto, no la veo. Sumale a que el pedido de la industria es que sea de a una canción, a la que ponen todos los cañones, y así sucesivamente.

En la pandemia hice muchas canciones, pero no me pongo fechas para sacarlas. Por ejemplo: ahora estoy grabando un tema con un artista español. La pregunta de todos es: “¿Cuándo va a salir?”. ¡Cuando la termine, amigo! Cada canción lleva su tiempo y tiene su dedicación. No nos podemos poner el parche y decir (imposta la voz): “Dale hacela así nomás y sacala, que la termine de grabar otro ahí en la producción”. A eso le digo que no.

Pablo Lescano en acción durante un show en Tropitango ante una multitud, en 2020.

-Hiciste muchas colaboraciones últimamente, pero se destacó mucho tu participación en la regrabación de Tangos bajos de Daniel Melingo. ¿Cómo fue trabajar con él?

-Melingo es un músico argentino del carajo, es uno de nuestros baluartes. Pero tenemos varios: en el rock nacional es una cosa de locos, y lo sé de girar tanto por Latinoamérica como afuera. Somos nosotros: Soda Stereo, los Cadillacs, los Decadentes, Calamaro… ¡Todos unos monstruos! Por ahí en la Argentina no lo sabemos apreciar y decimos “Y si, Calamaro…”. ¡Calamaro las pelotas! Vas a México o a España y el tipo es como en la Argentina o más. O los Decadentes, que piensan que no saben tocar y son unos músicos del carajo. Es algo que vemos más entre los colegas músicos que con el común de la gente.

-Así como tuviste varias invitaciones para canciones y eventos de rock, como por ejemplo el Lollapalooza o tus colaboraciones con Fidel Nadal, Calamaro o los Cadillacs, ¿hubo algún vínculo con la escena más tradicional del folklore?

-A mí me gusta Horacio Guarany. En mi familia se escuchaba mucho y sonaba mucho por mi barrio. Una vez tuve la oportunidad de verlo y cantar un tema en vivo con él, pero no pasó nada: ya estaba muy grande. Sí tocamos en el Cosquín Folklore. Esto tiene que haber sido en 2018, cuando Damas Gratis pasó de ser un grupo de bailanta a hacer un crossover y que nos empiece a escuchar toda clase de público.

Influencias y planes

Músico profesional desde los 12 años, Pablo Lescano integró bandas de cumbia como Sueño de Amar, Amar y Yo, Capricho de Luna y Amar Azul. En 1999 creó Flor de Piedra y al poco tiempo arrancó con Damas Gratis, un grupo que desde su comienzo profundizó el estilo llamado «cumbia villera». Además, tocó y grabó con figuras del rock como Los Fabulosos Cadillacs, Andrés Calamaro, Daniel Melingo, Fidel Nadal y Dancing Mood. También hizo temas con Tini y L-Gante.

En 2025 fue reconocido con un Premio Konex por su trayectoria como músico tropical en la última década.

-¿Cómo sigue el 2026 para Damas Gratis?

-Recién estamos arrancando el año. Estuve en modo vacaciones en Mar del Plata, hicimos un par de showcitos, pero tengo unas ganas de volver a las vacaciones (risas). Más que nada por lo social: era levantarme, ir a la playa, jugar al truco y encima ganarles a Checho y a Alberto con el Pájaro de Agronomía (risas). Era necesario, ya que el 2025 le dimos con todo. Tocamos en siete pueblos de Alemania, Suiza, Dinamarca… Estuvo muy buena la gira: compartíamos fecha con un grupo peruano que se llama Los Mirlos, y nos fue genial. En todos lados se agotó, y eso pone contento a los productores y a todos los que hacen la movida, ya que los números son positivos.

Una imagen de Pablo Lescano en un show reciente de Damas Gratis. Foto IG

-Los Mirlos son los abanderados de la cumbia amazónica. Dentro de tus influencias, juega lo peruano pero también lo colombiano, ¿verdad?

-En la Argentina la cumbia viene de tres lugares: de Colombia, de Perú y de México. Buenos Aires tiene distintos sectores. En la zona sur se escucha mucha cumbia con guitarra, un sonido más santafecino, como el de Los del Bohio, Los Lamas, Los Leales. En la zona norte se escucha un sonido más colombiano. Y en el oeste… ¡está el agite! (risas)

Damas Gratis empezó tocando sólo en zona norte: los primeros shows fueron en el Club Patria de Fuerte Apache, Tropitango de Pacheco y Escombro de José C. Paz. Después, con el tiempo, ¡pum! llegamos a zona sur (el primer show conjunto de Damas Gratis y los Decadentes fue en Monte Grande), el oeste y después todo el país. Y luego el exterior: Paraguay, Uruguay, Chile, y Europa.

-Conquistaron a todos los barrios.

-Creo que el tiempo y la perseverancia hicieron que estemos en este lugar, que es donde nos gusta estar. Subir a un escenario y que la gente te pase cabida, no que subas al escenario y en ese momento se vayan todos a comprar birra. Cuando sube Damas Gratis a un escenario, la barra se para. ¿Y por qué? Porque a nosotros la gente nos presta atención.

-Para terminar, y saliendo un poco de la música: ¿seguís practicando taekwon-do?

-No, y eso que era muy bueno. ¡Mirá lo que sabés de mí! Practicaba con el profe Tapia en el Club Defensores, a cien metros de la Estación Carupá. Un club social de barrio, que respetaba todo lo que significa hacer un arte marcial: no pelearnos en el colegio, no utilizarlo para andar amedrentando: hacer un deporte. Pero, después, obvio que en el barrio nos terminábamos midiendo (risas). Mi viejo no me dejaba rendir mucho: debo haber llegado a cinturón verde o azul, ¡la verdad es que no me acuerdo!

Fuente Clarin

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